MÚSICA

Lavandera: «El reencuentro con el público en el Coliseo será inolvidable para mí»

El compositor y director, uno de los pianistas más destacados de la Argentina, ofrecerá el jueves 30 de septiembre un concierto donde interpretará obras de George Gershwin y de Astor Piazzolla, dos figuras «fundamentales» en su vida como artista.

Horacio Lavandera, uno de los pianistas más destacados de la Argentina que lleva 23 años de una trayectoria reconocida a nivel mundial, se reencontrará con el público en el concierto que ofrecerá el jueves 30 de septiembre a las 20.30 en el Teatro Coliseo, donde interpretará obras de George Gershwin (1898-1937) y de Astor Piazzolla (1921-1992), dos figuras «fundamentales» en su vida como artista.

El compositor y director, quien empezó a tocar profesionalmente y ganar concursos internacionales cuando tenía 13 años, subrayó el entusiasmo con el que vive la experiencia de volver a tocar en la emblemática sala porteña: «Será una enorme alegría y siento una gran expectativa por este regreso; lo cierto es que vivo con mucha intensidad el reencuentro con el público, el cual será emocionante», manifestó en diálogo con Télam.

«Es el primer recital de piano solo que hago en la Ciudad de Buenos Aires desde hace unos años, y como bellísima sorpresa tendré tres invitadas de lujo, a quienes admiro profundamente por su virtuosismo y personalidad: la bandoneonista Ayelén Pais Negrín, la clarinetista Sofía Kujta y la cantante Mariú Fernández. Será un evento inolvidable para mí», apuntó Lavandera sobre el concierto «Gershwin + Piazzolla».

En esta presentación -cuyas entradas se encuentran a la venta a través de Ticketek– el músico, nacido en 1984 y consagrado como uno de los pianistas argentinos de mayor reconocimiento en el mundo, unirá a estos dos grandes artistas a partir de una interpretación que combina intelecto, solidez y sensibilidad.


En entrevista con esta agencia Lavandera habló de su enorme admiración por estos compositores que «sufrieron la incomprensión de su época que los tildaba de genios raros» y que «rompieron moldes y cambiaron la fisonomía de la historia de la música culta en América para siempre».

«Piazzolla creció escuchando Gershwin -indicó-. Hay anécdotas que relatan que siendo muy joven en sus primeras pruebas para entrar a tocar en la orquestas típicas siempre interpretaba la ‘Rhapsody in Blue’, la cual era recibida por el ambiente tanguero de esos años como una provocación a la tradición».

«A Piazzolla le gustaba romper esquemas y el conocer a fondo a Gershwin le dio muchas técnicas para el desarrollo de melodías y combinaciones armónicas y rítmicas. El famoso ritmo 3-3-2 de Piazzolla es usado en todas las obras maestras de Gershwin. Es llamativo que a pesar de deberle tanto a su compositor predilecto, Piazzolla logró desde muy joven construir un estilo inconfundible en sus composiciones y arreglos», evaluó.

Además de ser un virtuoso del piano, Lavandera se destaca como director de orquesta desde su debut como tal hace una década, desarrollando así una carrera paralela.

– Télam: ¿Qué podés adelantar de este concierto dedicado a las principales obras de Gershwin y Astor Piazzolla?
– Horacio Lavadera: Las obras de ambos son fundamentales en mi vida como artista. Gershwin es mi primer gran referente como compositor, pianista y director de orquesta. Lo admiro desde que tengo ocho años y fue su música la que me impulsó a dedicarme a este arte. Dejó un legado por su modo de acercar la música sin discriminación, rompiendo muchos moldes establecidos conectando por ejemplo el blues, el klezmer o la música religiosa negra en un estilo inmediatamente reconocible como propio y original. «La Rhapsody in Blue», obra principal que interpretaré en este concierto en el Coliseo conecta con todos estos sentimientos. Será la primera vez que interpreto esta pieza en Buenos Aires.

– T.:¿Qué representan para vos estos dos grandes compositores en la música universal y qué rasgo destacarías de cada uno?
– H.L.: Tanto Gershwin como Piazzolla representan un modo de pensar desde América hacia el mundo. Gershwin señaló en algunas entrevistas que él quería expresar los sentimientos de su gente a través de su música. Sus obras están marcadas por una curiosidad ilimitada, tal es así que para componer su ópera «Porgy and Bess» se estableció en medio de las comunidades negras en Carolina del Sur en una época tan difícil como los años 30 en cuanto al conflicto racial, con el fin de apreciar y absorber hasta el último detalle del arte de los afroamericanos participando en sus fiestas y competiciones de canto tal como si fuera uno más. A pesar de haber vivido hasta los 38 años, su música abarca todos los ritmos de América, incluidos el tango argentino, la música cubana, latina, judía y naturalmente todo el espectro de música norteamericana. Fue un creador con un talento fuera de serie.

– T.:¿Qué es lo que más te atrae de cada uno? ¿Qué puntos en común o de conexión encontrás entre ambos?
– H.L.: Lo que más me atrae de estos compositores es su creación desde América. Tanto Gershwin como Piazzolla optaron por no desarrollar técnicas ya establecidas sino por el contrario, buscar nuevos caminos poco explorados y a priori muy subestimados. El jazz en la época de Gershwin era considerado un género de música menor, lo mismo el tango en la época de Piazzolla. Ellos no se dejaron llevar por las ideas preestablecidas y se enfrentaron con lo que se podía o se debía hacer en cuanto a composición musical seria. También es cierto que sufrieron la incomprensión de su época que los tildaba de genios raros. Sintieron antes que nadie que el jazz o el tango eran una oportunidad para expresar a su gente y sus raíces y que esta música no debía ser motivo de complejo de inferioridad frente a la música europea.
– T.: ¿Cómo llevás el hecho de ser uno de los mejores pianistas de la Argentina? ¿Con exigencia, responsabilidad o alegría?
– H.L.: Cada pianista tiene un estilo propio. Yo los admiro, escucho y aprendo de todos. Tengo que reconocer que mi padre José María, quien falleció el año pasado, era extremadamente exigente con mis interpretaciones y con la ejecución musical en general. Ese gusto por el rigor me lo transmitió. No con el fin de angustiarme sino con el fin de renovar mi interés y cultivar un objetivo trazado en la utopía de la perfección. ¿Existe una música perfecta? Me inclino a pensar que sí. Mi idea como músico es llevar esa energía de la música al oyente. Yo entiendo que esta energía se puede obtener con mucha exigencia, reflexión, responsabilidad y disciplina. La alegría está siempre en el camino. Me dedico al arte que elegí, por tanto soy un agradecido de ello.(telam.com.ar)

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